sábado, 18 de abril de 2020

Contando los días (Margarita del Brezo)

«Escribe y nos cuentas algo», me dice Miguel con su mejor letra sans serif.

«Vale», le contesto muy bajito. Y me quedo pensando un rato, dos, tres.

Y lo único que se me ocurre es contar el número de muertos. Entonces tacho y vuelvo a empezar.

Uno, dos, tres,…

Desde hace días, no sé cuántos, duermo con un ojo abierto por el que se me escapan los sueños. A veces incluso tengo que cambiar las sábanas antes de que amanezca. Me levanto cansada. Cansada y contenta de no ser uno de esos números que engrosa la estadística diaria.

Cuatro, cinco, seis,…

No voy a la oficina. Ya no. Primero cerramos las puertas con nosotros dentro. Después los de dentro fuimos disminuyendo en número a medida que aumentaban las licencias del teletrabajo, el frío, el silencio y los espacios vacíos. Hasta que solo quedamos dos. Y cuando llegó el día uno del mes
cuatro, también nosotros dos nos fuimos a casa.

Desde entonces las mañanas las paso pegada al teléfono. Al otro lado del auricular, un montón de voces anónimas me entregan su incertidumbre, su nombre y todo lo que les pida con tal de que les desenrede el nudo del estómago y les ayude a hacer cuentas con los escasos números que han
conseguido rescatar de sus trabajos perdidos.

Siete, ocho, nueve,…

La siesta me ayuda a dejar de contar.

A veces.

Diez, once, doce,…

Y cuando abro los ojos, estiro el brazo, enciendo el libro y leo cuentos hasta que anochece en el salón.

Trece, catorce,…

Toca levantarse del sofá.

Encender la luz.

Mirar el correo.

Dar una vuelta por las redes.

Terminar un par de tareas.

Sacar al loro, jugar con él.

Quince, dieciséis, diecisiete,…

Pienso que tengo que limpiar el polvo y anotar regaliz, harina y una botella de espantamiedos en la lista de la compra. También poner un par de lavadoras. Quizá mañana. Ahora toca hacer un recuento de mi gente.

Dieciocho, diecinueve y…

Falta uno.

Vuelvo a contar, por si acaso. Pero no está. Se fue. Lo sé, aun así vuelvo a contar otra vez.

Por suerte pude despedirme, pienso.

Y lloro dichosa.

Y lo cuento.
…veinte.

Porque no poder despedirse de los muertos es…

Eso es incontable.

27 comentarios:

  1. Incluso para alguien como tú, que sabe contar historias de una manera tan magistral, las dos últimas líneas de esta original reflexión son, como muy bien dices, incontables. Esta situación que nunca habíamos vivido está trastocando todo, hasta algo tan necesario como la última despedida.
    Siempre original, Margarita.
    Un abrazo

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    1. Es una alegría, y más en estos tiempos inusualmente tristes, poder contar junto a vosotros. Se lo dije a Miguel en su día, cuando me lo propuso, y te lo digo a ti ahora, Ángel.
      Gracias porque siempre estás. Aunque no haya balcón.

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  2. Muy bien contado con esa manera tan tuya de escribir que hipnotiza. Me gusta mucho cómo vas desgranando tu día de confinamiento y me deja el alma encogida ese final, porque es muy duro no poder decir un último adiós.
    Un beso grande, Margarita del Brezo.

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    1. Mi querido Pablo:
      Así comenzaba los comentarios de Cincuenta porque así lo sentía entonces y así lo siento ahora.
      Tenemos pendiente un «hola».
      Un beso grande.

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  3. Querida Margarita,

    ¿Me dejas hacerte un Querida tú? Porque te lo mereces más que nadie. Qué lejos quedan los tiempos en los que no recibir una llamada telefónica de un locutor de radio (que ya, que ya sé que no es él) daba pie a dar rienda suelta al teclado. Ahora es este puñetero bicho el que le saca el polvo al abecedario y vamos encadenando letras hasta conseguir descifrar ese nudo que todos tenemos en el estómago. Por las pérdidas y por el miedo a perder. Sigo pensando que esto va a ser un alto en el camino que nos hará reflexionar sobre qué somos y hacia dónde nos estábamos dirigiendo, aunque solo sea personal. Y yo, querida Margarita, espero algún día poder conocerte en persona y comer croquetas juntas y que me expliques lo que te apetezca y pasemos un rato sin más, solo hablando, que creo que eso se nos da fenomenal, sin teclado de por medio. Que seguro que esto pasará y ese día llegará. Hasta entonces, cuídate mucho y no dejes de escribir jamás, ¿me lo prometes?

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    1. Te dejo lo que quieras, Beatriz, que te lo has ganado. Aunque no siempre el premio sea eso en lo que estamos pensando. Ni las palabras apunten a la buhardilla de la capital.
      Con tu pico y pala, con tu simpatía, con tus crónicas de una amistad anunciada, con tu olor a croquetas, con tus mallas sin usar me has ganado desde el principio.
      Supongo que sí, que llegará el día en que nos demos un abrazo.
      Hasta entonces prometo cuidarme, cuidarte y escribir.

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  4. Oh, Margarita, solo puedo decir oh. 💕

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  5. Querida Margarita:
    Te mando un abrazo fortísimo. 😘

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    1. Querida Nuria:
      Me gusta tu abrazo (y me conforta) tanto como tus historias.
      ¡Gracias! 😘

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  6. Te diré como los niños, o las niñas que se van a dormir, pero que no quieren dormir: cuéntamelo otra vez. Porque es triste este tiempo tan crudo, pero tú, hasta eso, lo sabes contar maravillosamente. Besos, Margarita.

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    1. Y yo te diré que hay que irse a dormir para estar descansados al día siguiente y pintar, pintar bien y pintar mucho en la vida de los demás, adverbios ambos que tú dominas a la perfección. Besos, Manuel.

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  7. ������Tremendo todo, tan triste tan injusto tan inesperado...q forma tan silenciosa y suave de contar la mayor tragedia desde hace cien años

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    1. 17.55h??? Nooo son 2.56h del 19 abril de 2020

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    2. ¡¿Y qué haces despierta a esas horas?! Toca soñar, aunque sea solo por la noche, mientras dormimos, porque los sueños ayudan a reponernos y tenemos que estar fuertes, aún nos queda mucho por hacer.

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  8. Uyyyyy Margarita. Estaba desayunando y el café no me sabe a café, ni la tostada a pan y aceite. Se me han quedado esos números entre la glotis y sobre todo, esa despedida que como tú al menos la pudiste realizar, me ha ayudado a tragar un poquito. Será por eso que no se me quita el dolor de garganta? Será que ya no puedo tragar más?
    Gracias Margarita por estas tus letras, y las otras.
    Cuídate y besicos muchos.

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    1. Más que del confinamiento, estamos saturados de cifras, de tristeza, de impotencia, de incertidumbre. Y sí, no sé hasta cuánto podremos seguir tragando. Toca digerir poco a poco. Y cuidarnos. Y, por supuesto, agradecerte siempre tu ánimo.
      Un beso

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  9. ¡Ufff! Margarita, has puesto el dedo en la parte de la llaga que más duele. Algún caso conocemos y resulta inimaginable ese dolor de no poder compartir las últimas horas o minutos con un ser querido.
    Muy bien contado.
    Besos.

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    1. No he podido evitarlo, Rafa. Precisamente porque es tan difícil de imaginar. La primera vez que lo oí, me entró todo la angustia en el cuerpo a la vez y todavía ando medio ahogándome.
      Deseando dejar de contar.
      Besos

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  10. ¡Qué placer leerte! y que forma tan magistral de contar algo que estás viviendo y que nos transporta a nuestro propio encierro.

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    1. A ti poco puedo contarte, Ezequiel, solo darte las gracias. Por tanto. Por todo.

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  11. Extraordinaria carta Margarita.
    Eso de dormir con un ojo abierto para que no se escapen los sueños, es un práctica que conozco.
    Tienes una forma de escribir, amiga que contagia las ganas de seguir leyendo. ¡Pero ya se ha acabado!
    Fantástica. Un besico

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    1. Tener un ojo abierto siempre, ay, con lo bien que se descansa cuando se cierran los dos, ¿verdad?
      Muchas gracias por contagiarme las ganas de seguir escribiendo.
      Un besico, murcianica.

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  12. Magnífico. No puedo decir más, yo no tengo esa facilidad de palabra. Solo magnífico, nada más y nada menos.

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    1. Claro y conciso, pues anda que no puede decirse con poco. Gracias, Juan Manuel, todo eso.

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  13. Margarita, tu carta confinada me llega directa al corazón. Y no solo porque coincide en muchas cosas con la que le envié a Miguel y se publicará un día de estos, sino porque veo que tú también te pasas el día contando personas. Siento muchísimo que te falte una en ese recuento. Espero que muy pronto puedas contar de nuevo risas y abrazos. Uno muy fuerte para ti.

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    1. Acabo de leer la tuya, Asun, y sí, veo que tú también cuentas y nos cuentas con las «mejores vistas», podríamos decir si esto solo fuera un concierto desafinado.
      Tampoco yo me puedo quejar porque pude llorar y abrazar a mi familia y poner una flor sobre la tumba y regresar a casa sin saber todavía que dos días después ya nada, ni siquiera la muerte, sería lo mismo.
      Gracias por tu abrazo, pero sobre todo gracias por levantarte todos los días, guardar el miedo en el bolsillo e ir a trabajar. Un beso.

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